Jaume Balmes Urpià

Jaume Balmes Urpià

lunes, 2 de mayo de 2011

Bisbe de Vic- JOSEP TORRAS y BAGES – Discurso titulado "Nuestra Unidad y Nuestra Universalidad" - III

III

Y no es que la iglesia no conozca que en las luchas con la impiedad debemos colocarnos en un terreno común, porque lo primero es que los hombres mutuamente se entiendan, y el lenguaje de la fe no es admitido por el incrédulo; no es que debamos rehuir la batalla en cualquier terreno que se nos ofrezca, sino que donde está el enemigo allí debemos ir, y así lo han practicado los Padres y Doctores de la Iglesia en todas las épocas, y así lo hizo también nuestro insigne Balmes. El ponernos en situación de luchar eficazmente con el adversario no significa que aceptemos sus principios erróneos, como hacen ciertos modernistas, porque entonces ya no habría lucha, sino concordia y no puede haberla. El enemigo de Dios siempre está en terreno falso, porque aun el mismo que dice que no es enemigo de Dios, sino que es neutral, está en terreno falsísimo, porque está en situación absurda, porque entre el sí y el no no hay término medio, y quien no dice ni sí ni no, no dice nada. La ciencia de la fe proyecta su luz sobre todas las cuestiones humanas y las pone en evidencia, y es una clave para descifrar los grandes enigmas del mundo y los destinos del hombre. Dilata los horizontes y proporciona una visión completa de la gran lucha de todos los siglos. Fuera del Cristianismo nadie ha tenido, ni tiene, un concepto cabal del linaje humano. Es tan inmenso nuestro linaje, abarca tantos pueblos y tantas épocas, presenta situaciones tan diversas, que si cada hombre es un mundo, el conjunto de tantos hombres es una inmensidad de mundos, que es imposible abarcarlos de una sola mirada, si no se les mira desde Dios.

Por esto á los que se separan de Dios, á los que no quieren mirar las cosas desde Dios, con los ojos de la fe, á los presumidos que se apartan de este foco de luz y pretenden con sus flacos ojos sondear las inmensidades de la existencia, se les ha llamado sectarios, porque del mundo sólo ven secciones, alcanzan solo una visión parcial de las cosas, y disminuyéndose su visión se disminuyen ellos mismos, y ellos que por falta de humildad no quieren ser católicos, acaban por ser raquíticos.

Todos sabéis, Señores, que Balmes se fija con especial cariño en este concepto de la humildad como base esencial de la vida cristiana, y comenta y glosa la frase exactísima de la Santa Madre Teresa de Jesús cuando dice que humildad es verdad. Y de consiguiente si humildad es verdad, quien no se sitúa en la humildad está en situación falsa para alcanzar la verdad, no sólo por la vía de contemplación intelectual, sino que aun en la practica de la vida. Es evidente que nuestra situación de espíritu ha de contribuir en gran manera al descubrimiento de la verdad; el concepto que tengamos de nosotros mismos, el concepto en que nos tenemos es el punto de partida de nuestras investigaciones, y aun para conocernos á nosotros mismos necesitamos también conocer á Dios, porque una cosa es el hombre con Dios y otra muy distinta el hombre sin Dios. En el hombre que se desentiende de Dios su conciencia toma un cariz muy especial. Entonces el hombre se toma á sí mismo por dios y á su antojo crea todas las demás cosas; en esta falsa suposición él es la fuente de la existencia y de las leyes que la regulan, todo de él procede, es tan rico que todo lo encuentra en sí mismo, y todo deriva de él.

Por esto los que hoy imitan á aquellos antiguos á quienes combatía el apóstol San Juan, diciendo que deshacían á Jesús porque separaban á Dios del hombre, enseñan ahora que la misma religión no es otra cosa que un producto de la propia conciencia.

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